• 17/Abril/2018
  • Pedro Roberto Reyes Martínez.

Una Zona Económica Especial (ZEE), es el área geográfica del territorio nacional, determinada en forma unitaria o por secciones, sujeta al régimen especial previsto en la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales, en la cual se podrán realizar, de manera enunciativa y no limitativa, actividades de manufactura, agroindustria, procesamiento, transformación y almacenamiento de materias primas e insumos; innovación y desarrollo científico y tecnológico; la prestación de servicios de soporte a dichas actividades como servicios logísticos, financieros, informáticos, profesionales, técnicos y de otra índole que se consideren necesarios conforme a los propósitos de la referida ley, así como a la introducción de mercancías para tales efectos.

Las Zonas Económicas Especiales encuentran su origen en la Ley Federal de las Zonas Económicas Especiales publicada en el Diario Oficial de la Federación el día 1º de junio de 2016, que entró en vigor al día siguiente de dicha publicación y cuyo objeto es, en el marco de la planeación del desarrollo, regular la planeación, el establecimiento y operación de Zonas Económicas Especiales para impulsar el crecimiento económico sostenible que, entre otros fines, reduzca la pobreza, permita la provisión de servicios básicos y expanda las oportunidades para vidas saludables y productivas, en las regiones del país que tengan mayores rezagos en desarrollo social, a través del fomento de la inversión, la productividad, la competitividad, el empleo y una mejor distribución del ingreso entre la población, según lo dispone la mencionad ley.

Dicha ley responde a la intención del Gobierno Federal de llevar a cabo políticas públicas que impulsen el desarrollo económico de zonas y regiones del país que se encuentran históricamente rezagadas y en donde se concentran los mayores índices de pobreza a través de acciones como el fortalecimiento del capital humano, seguridad pública, innovación y desarrollo científico y tecnológico, apoyo al financiamiento, provisión de servicios, promoción de encadenamiento productivo de pequeñas y medianas empresas, creación y fortalecimiento de incubadoras de empresas, establecimiento de programas de vivienda digna y cercana a centros de trabajo, construcción de escuelas, espacios recreativos y culturales, mejoramiento de transporte público, sustentabilidad, protección y preservación del medio ambiente y aplicación de estímulos fiscales como descuentos al ISR (100% en los primeros 10 años y 25% en los siguientes 5) y tratamiento especial en IVA, entre otros.

Para poder ser considerada como una ZEE, la región en cuestión, de conformidad con la ley de la materia, debe ser de las que tengan mayores rezagos en desarrollo social del país, incluso es requisito que se ubiquen en las entidades federativas que se encuentren, al momento de la emisión del dictamen correspondiente, entre las 10 entidades federativas con mayor incidencia de pobreza extrema, de acuerdo con la información oficial del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

En base a lo anterior, en la actualidad existen las siguientes Zonas Económicas Especiales: La del Puerto de Lázaro Cárdenas, que incluye municipios vecinos de Michoacán y Guerrero; La del Corredor del Istmo de Tehuantepec que incluirá los polos de Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca; y La de Puerto Chiapas en el Estado del mismo nombre.

La implementación de las Zonas Económicas Especiales, es un proyecto loable, con muy buenas intenciones, pero de difícil instrumentación, pues la falta histórica de inversión, infraestructura, competitividad y productividad (ya sea por falta de vocación o de pujanza) hacen que su cristalización y efectivo funcionamiento sea de una complejidad extrema, aunque no imposible. Lo anterior se puede constatar por el hasta ahora lento avance en el desarrollo de dichas zonas.

¿Qué pasaría si el Régimen de las Zonas Económicas Especiales no fuera privativo de las regiones con menor desarrollo social?

¿Qué pasaría si se pudiera aplicar el Régimen de las Zonas Económicas Especiales a regiones que no se encuentren dentro de las 10 entidades federativas con mayor incidencia de pobreza extrema?

Habría progreso acelerado, crecimiento económico exponencial, círculos virtuosos productivos, generación extraordinaria de recursos, mejoramiento mayúsculo de la calidad de vida y desarrollo social de los habitantes de la zona y niveles elevados de recaudación fiscal, entre otros.

Existen regiones del país que tienen ciertas vocaciones productivas que ya son explotadas de manera importante, que pueden desarrollarse aún más y que son poseedoras de un empuje y determinación evidentes, en las que se puede aprovechar la infraestructura ya existente, las cadenas productivas que ya funcionan e integrar otras afines y/o complementarias, regiones que pueden conectarse más fácilmente que otras por su ubicación geográfica o por las propias vías ya existentes. A estas regiones se les pueden aplicar recursos públicos y privados, inversiones y estímulos para consolidarlas y potencializarlas, y las cantidades de inversión y estímulos que requieren para lograr tal cometido no son de la magnitud que se requieren aplicar a las Zonas Económicas Especiales como actualmente se encuentran contempladas, de tal manera que como resultado de dichas inversiones y estímulos se pueden generar muchos más beneficios económicos, sociales, tecnológicos, de innovación y varios más, comparativamente hablando, si lo consideramos en una relación de costo-beneficio de los montos de las inversiones y los estímulos que se les apliquen. Incluso, los recursos que se apliquen para incentivar estas regiones no correrían el riesgo de ser desaprovechados por invertirse en Zonas Económicas Especiales que podrían llegar a ser improductivas o no funcionen de conformidad con lo planeado, pues estamos hablando de regiones que ya en la actualidad funcionan y producen.

Además, de los propios ingresos provenientes de la recaudación en estas zonas, los cuales se consideran serían cuantiosos por que resultarían ser extraordinariamente productivas, pueden destinarse de manera parcial determinados porcentajes, para ser invertidos, directamente en las Zonas Económicas Especiales creadas en las regiones con menor desarrollo social y que se encuentren dentro de las 10 entidades con mayores índices de pobreza (como actualmente se encuentran contempladas), de esta manera se podrían cumplir con 2 objetivos primordiales, el primero: potencializar la producción económica y los beneficios de dicha actividad en regiones que ya cuentan con desarrollo de actividades económicas productivas en la actualidad y el segundo: contar con recursos públicos para poder ser invertidos para impulsar a las Zonas Económicas Especiales de las regiones con mayor rezago y mayor índice de pobreza.

Por lo anteriormente expuesto se propone reformar la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales para que también puedan ser consideradas como Zonas Económicas Especiales regiones de entidades que no sean de las que cuenten con mayor rezago en desarrollo social ni que se encuentren dentro de las 10 entidades con mayor incidencia de pobreza extrema.

De llevarse a cabo dicha forma, se podría aplicar la Ley a que nos hemos referido, al Proyecto del Corredor Central que impulsa Coparmex para hacer de esa región una Zona Económica Especial que genere beneficios económicos y sociales no sólo para los habitantes de dicha región, si no para impulsar a otras Zonas Económicas Exclusivas y en consecuencia a México, razón por la cual solicitamos incluir la presente propuesta dentro de la primera cartera de proyectos del Corredor.


*Publicado en la Revista Evolución Empresarial de Coparmex Querétaro No 83 Año 13 Mayo/Junio 2017.

Crédito Imagen: Wikipedia

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