• 18/Septiembre/2018
  • Pedro Reyes

¡No lo puedes creer! ¡Encontraste la oportunidad de tu vida, el inmueble ideal a un precio muy por debajo del valor comercial!

Si parece ser así, ten mucho, pero mucho cuidado.

Las personas que suelen cometer fraudes en materia inmobiliaria, utilizan como señuelo para cometer sus ilícitos el bajo precio de un inmueble, ya que de esa manera, propician a que las personas piensen que están ante una muy buena oportunidad comercial para adquirir un inmueble con un precio muy castigado y de esa manera motivan a que se presente un apresuramiento motivado por querer adquirir el inmueble antes de que alguien más vaya a detectar y ganar esa gran oportunidad.

Si se presenta ese estado de urgencia, normalmente el potencial comprador o el agente inmobiliario tiende a “bajar sus defensas” y a no ser tan exigente en el requerimiento de documentos que acrediten la propiedad y todos los aquellos que son necesarios revisar para llevar a cabo una operación inmobiliaria. Se tiene tanto temor a perder esa gran oportunidad que se llegan a aceptar los pretextos que puede poner el presunto vendedor para no entregar los documentos solicitados cuando se le requiere, por ejemplo, la exhibición del título de propiedad original, tiempo para poder revisar en el Registro Público de la Propiedad el bien, original de identificación, comprobantes de predial y agua, etc.

Normalmente en este tipo de situaciones, el presunto vendedor pide determinado anticipo o “apartado” para “amarrar” la operación y el comprador es seducido y convencido impulsado por el temor a dejar pasar la oportunidad y de manera ilusa e inocente entrega cierta cantidad de dinero, la cual jamás vuelve ver.

A continuación te comparto uno caso que me sucedió. Como profesional inmobiliario, tenía un requerimiento de un cliente que me había solicitado conseguirle un terreno en determinado fraccionamiento. En dicho fraccionamiento habían varios lotes de terreno baldíos pero lamentablemente ninguno se encontraba en venta al momento del requerimiento. Todos los días buscaba en diversos portales de internet si había salido publicada la disponibilidad para venta de algún terreno en este fraccionamiento, también, varios días a la semana recorría el fraccionamiento en búsqueda de algún terreno a la venta e informé de mi requerimiento a diversos colegas y en distintas bolsas inmobiliarias solicité ser avisado si alguien llegaba a tener una opción a la venta de un inmueble con tales características.

Mi cliente no tenía prisa por adquirir el terreno, afortunadamente, y era el único lugar en donde había decidido construir, por lo que pasé algunos meses en esta búsqueda, hasta que cuando ya casi había perdido la esperanza, una buena mañana, al revisar en internet, me encontré que no se encontraba un lote de terreno como el que mi cliente quería, ni dos, ni tres, sino cuatro lotes de terreno de manera simultánea a la venta, a un valor más bajo que el de mercado. Inmediatamente, llamé al teléfono señalado en el portal y concerté una cita para conocer los terrenos que presuntamente se vendían.

En el fraccionamiento fui atendido por una mujer quien se ostentó como agente inmobiliaria y me comentó que todos los terrenos que estaban a la venta eran propiedad de una persona, quien necesitaba venderlos pues requería liquidez para un negocio. Visité en compañía de dicha persona los 4 terrenos que según su dicho estaban a la venta, y pues yo no cabía de emoción, por lo que de manera inmediata le dije que tenía a un cliente interesado en hacer la operación, a lo que me señaló que necesitaría entonces “X” cantidad de anticipo. Le comenté que sí, que con mucho gusto le sería entregado el anticipo, pero que para eso requería que me fueran entregados para revisión, el título de propiedad del inmueble, sus comprobantes de pago de impuesto de predial de los últimos 5 años y la identificación del vendedor (para poder estudiar la documentación y verificar la situación del inmueble en el Registro Público de la Propiedad). Al pedir ésto, la mujer me comentó que no me preocupara, que todo se encontraba en orden, que la persona que vendía los terrenos era una persona muy prestigiada y acomodada de la entidad en la que nos encontrábamos y que por lo mismo no quería estar entregando papeles de sus propiedades a cualquier persona, pero que ya todos los papeles los tenían en la notaría número “Y” que incluso, con toda la confianza, podríamos ir mi cliente o yo a preguntar por los documentos de los terrenos de ese fraccionamiento en venta y que nos serían exhibidos, pero que ella sugería que por lo menos se diera un apartado de “Z” cantidad para “bloquear” o apartar el terreno que más le gustara a mi cliente para evitar que alguien lo ganara.

Terminando la cita con esta persona, a quien quedé de avisarle cual había sido el terreno que más le había agradado a mi cliente para hacer “el apartado”, de manera inmediata me dirigí a la notaría número “Y” en la que me dijo se ubicaba la documentación respectiva. Al llegar a dicha notaría, di como referencia el nombre de esta persona y la ubicación de los terrenos y en la recepción de la notaría me respondieron que no tenían idea de lo que les hablaba, preguntaron a todos los abogados y al notario y nadie supo nada al respecto. Acto seguido me puse en contacto con la presunta agente inmobiliaria para comentarle que nadie en la notaría tenía noticias de la documentación de esos terrenos, a lo que me contestó que no me preocupara, que le diera oportunidad para que en la tarde pudiera contactar al propietario para que le dijera específicamente el nombre de la persona (abogado) en la notaría que tenía los papeles para ser revisados.

No recibí noticias en esa tarde, por lo que a la mañana siguiente traté de comunicarme con la mujer en cuestión, y no tuve suerte de que me contestara la llamada por lo que le dejé un mensaje en su buzón de voz. Durante esa mañana y al inicio de la tarde, la persona en cuestión no se reportó conmigo, lo que me extrañó, pero esperé un día más a que se reportara conmigo.

Al día siguiente al no haber recibido ninguna llamada o mensaje, ingresé nuevamente a internet, para buscar los terrenos en venta, y ¿cuál fue mi sorpresa?, ya no había ningún terreno en venta. Intenté un par de veces más localizar a esta persona y no obtuve resultado alguno, por lo que deduje que había sido un intento de fraude, el cual afortunadamente no se concretó, por que exigí revisar los documentos necesarios para poder llevar a cabo una operación inmobiliaria a pesar de la urgencia de que esa gran oportunidad se fuera volando para mi cliente.

Lo recomendable cuando te encuentres frente a este tipo de situaciones en las que piensas que te has topado con una gran oportunidad es que NO BAJES LA GUARDIA. Solicita que te entreguen todos los documentos necesarios para poder acreditar la titularidad del bien y poder revisar su situación en el Registro Público de la Propiedad para poder en su caso adquirirla en un procedimiento adecuado y sin prisas, solicita asesoría de un verdadero profesional inmobiliario y de preferencia acude con un notario quien podrá revisar la documentación.

Así que ya sabes, si te encuentras una ganga inmobiliaria, evita ser víctima de un fraude inmobiliario, ten cuidado y no des paso sin huarache.

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